Conocimiento en Grecia antigua, 2.

 © Copyright  Fernando Conde Torrens

 

 

 

 

 

        Hoy vamos a echar un rápido vistazo al desarrollo del Conocimiento en Grecia. En Grecia y sólo en Grecia. Allá por el año 500 AEC y mirando lo que hoy es Europa, sólo en Grecia había la civilización suficiente como para que el Conocimiento pudiera desarrollarse. Parémonos un momento en este punto.

        Se ha dicho, en los comentarios a estos artículos ubicados en el Foro, que parece que hace falta un algo relacionado con la cultura para que el Conocimiento arraigue. Expondré la conclusión a que he llegado sobre qué es "eso" que hace falta. Porque "eso" que haga falta lo tendrá que tener la sociedad en la que el Conocimiento se vaya a desarrollar y, por extensión, el individuo aspirante al mismo. ¿Qué hay que tener? ¿Qué es ese "eso"?

        ¿Qué había en la Grecia del año 500 que no había en Roma, la Galia, Iberia, Egipto o Persia - allende Europa los dos últimos? Tengo para mí que mucho individualismo, un rosario de polis que hacían la vida por su cuenta. Todo lo contrario que un Imperio como el egipcio, el romano, que se estaba gestando y luchando por conquistar el resto de Italia, o el persa. Cuando un ente político se dedica a "captar" territorio, su alma se dispersa. Cuando el poder se une a la religión, cuando la mitra y el cetro se alían, al pueblo se le anula y la estulticia domina el orbe. Y que me disculpen los monarcas.

        En Grecia había pluralidad de cultos, los dioses olímpicos, los misterios de Eleusis y el Conocimiento, o Sofía. En cada ciudad no eran muchos y encima, estaban divididos, unos adoraban a Zeus, otros acudían a Eleusis y otros pocos escuchaban a Sócrates. Si Constantino hubiera asomado su nariz por Atenas o Grecia durante los siglos V y IV hubiera flipado, que se dice hoy. Y lo hubiera arreglado en un abrir y cerrar de ojos.

        En ese ambiente multi-doctrinal, en ese pandemónium ideológico floreció el Conocimiento, paradojas de la vida. O no tan paradojas. Paradojas para los despistados. Allá donde no hay presión sobre las conciencias, donde el humano es libre de pensar a su aire - aunque tal situación no terminaba de darse en la Atenas de Sócrates, como todos sabemos - allá fue posible el desarrollo de algo que nosotros hoy no tenemos, 25 siglos después. Y no porque hoy haya presión, que la hay, sino porque tal presión ha sido aplastante durante demasiado tiempo y las cicatrices de ello están aún sangrantes en nuestro Occidente.

        Hubo una primera generación de Maestros del Conocimiento poco antes del año 500, sus dirigentes, Pitágoras de Samos, Parménides de Elea y Xenófanes de Colofón.

        Tras ellos, la segunda generación, formada por Heráclito de Éfeso, Empedocles de Agrigento, Anaxágoras de Claxomene, Demócrito de Abdera y el propio Sócrates en Atenas.

        Los alumnos de Sócrates que llegaron al Conocimiento, Antístenes de Atenas, Estilpón de Megara y Fedón de Elis, que yo sepa, formarían la tercera generación. En las Escuelas de éstos se formaron dos de los tres fundadores de las Escuelas de Atenas, todo ellos contemporáneos de Alejandro Magno (356-323).

        Pirrón de Elis (360-275) fundó la Escuela escéptica. Enseñaba que debemos suspender el juicio sobre si algo es bueno o malo y buscar la imperturbabilidad del alma, que ellos llamaban ataraxia.

        Epicuro de Samos (341-271) que escribió más de 300 obras y fundó el año 306 su Escuela en Atenas, la epicúrea, adonde había que trasladarse si se quería ser alguien en esto del Conocimiento. En ningún otro sitio florecía con  tal brío. Propuso como objetivo del ser humano el gozo permanente, que era lo mismo que la ataraxia escéptica. Sus interesados detractores cristianos leyeron “placer” en lugar de “gozo” y tacharon a los epicúreos de lividinosos. Ver para creer ...

        Zenón de Citio (335-264) fundó la escuela estoica, porque daba sus clases en la stoa o pórtico del ágora de Atenas. Una stoa o pórtico es un simple porche, un espacio cubierto para protegerse del sol y la lluvia. Como no era ateniense, no podía tener casa en la ciudad. Su Escuela, la estoica, fue la que mejor caló en la Roma imperial, cuando Roma conquistó Grecia en el siglo I AEC. Era tan popular el estoicismo que se puso en boca de los apologistas cristianos virtuales que el Cristianismo era un estoicismo pío, pero se siguió persiguiendo a todo lo que sonase a no cristiano = pagano, hasta su total derribo.

 

Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com  hay comentarios y más información sobre este libro.